• Natasha Drago Grisak

Ansiedad migratoria

La migración es un proceso largo y a veces puede ser difícil para la persona que lo está transitando. El tiempo estimado de integración al nuevo país puede variar entre los 2 y 3 años y en el transcurso del mismo se van superando determinadas fases donde a veces aparecen algunos síntomas que son propios del proceso, siendo uno de ellos la ansiedad migratoria.


En otra oportunidad pudimos hablar de la Ansiedad en forma general para entender de dónde proviene, qué produce y cómo podemos abordarlo en la terapia psicológica. Si quieres leer ese artículo haz clic aquí.


A modo de resumen, la ansiedad aparece cuando estamos más “centrados en el futuro que en el presente”, esto nos lleva a anticiparnos, preocuparnos sobre situaciones que aún no existen. La anticipación acerca de un futuro incierto nos genera dudas, miedos y angustias que producen ansiedad. Suele suceder que cuando migramos nos centramos mucho en la búsqueda de un futuro mejor, motivo por el cual la preocupación y la anticipación pueden ocupar un lugar importante.


¿Cuáles son los motivos que generan ansiedad en la migración? ¿Cómo abordarlo para que ese malestar no termine afectando negativamente nuestro proceso migratorio?


En este artículo intentaremos responder a estas preguntas para entender un poco esta afección que le sucede a muchos inmigrantes, principalmente en las primeras etapas de su migración.


Algunos motivos…


Cuando decidimos trasladarnos a otro país salimos de nuestra zona de confort, es decir de todo aquello que nos generaba tranquilidad y nos daba la sensación de tener cierto control sobre lo que nos sucede en relación al entorno que habitamos. En nuestro país entendemos las formas de relacionarnos, los modismos, la idiosincrasia y la cultura, al igual que sabemos cómo manejarnos en el mercado laboral y cómo insertarnos en él.


Al llegar al nuevo país, esa sensación de “confortabilidad” se pierde. Sin embargo, para muchos la migración está vinculada a circunstancias o aspectos económicos-sociales que nos impulsan a buscar una mejor calidad de vida en otro lugar. Las expectativas con relación al país de acogida pueden diferir de la realidad, ya que antes de pisar ese nuevo lugar solo tenemos en nuestra mente una idea. Esta idealización puede enfrentarnos a posteriores frustraciones, miedos, dudas y angustias.


Encontrarnos en un nuevo contexto, desconocido hasta el momento, puede generar la sensación de pérdida de control. Desconocemos el mercado laboral, la cultura, las costumbres, las formas de pensar y la idiosincrasia del país elegido. A veces este desconocimiento y lo novedoso de la experiencia puede sentirse como un arrasamiento para la persona, algo que es muy grande e inmanejable. Perdemos la sensación de poder controlar hasta lo más mínimo.



Otro motivo de ansiedad migratoria está relacionado a que a veces no tenemos en cuenta los tiempos del proceso de migración y entra en juego la “inmediatez”. De alguna manera queremos saltarnos etapas, que son sumamente importantes para la elaboración interna de la persona. Nos exigimos adaptarnos e integrarnos al nuevo país rápidamente, aprender un idioma y hablarlo fluido en un corto plazo, conseguir un trabajo que esté relacionado a nuestros intereses en el menor tiempo posible. El querer cumplir con las expectativas migratorias sin coste alguno, además de estar alejado de la realidad, se torna imposible. La necesidad de inmediatez, se contradice con el tiempo necesario para atravesar el proceso migratorio satisfactoriamente.


La inmediatez acompañada de la sensación de arrasamiento dificultan el proceso migratorio impidiendo ser digerido y elaborado. Aquello imposible y autoimpuesto genera angustia que termina explotando en ansiedad. Algunos síntomas de ansiedad se presentan en nuestro cuerpo como el aumento de palpitaciones, sudoración, mareos, náuseas, ahogo y dificultad en la respiración. Eso que se arma como incontrolable en el “afuera” se transforma en la pérdida de control de nuestro propio cuerpo.


La angustia nubla…


El malestar como hemos nombrado, generalmente está vinculado a la angustia no expresada. En la migración a veces solemos, de forma inconsciente, colocar una barrera en la expresión de nuestras angustias con nuestros allegados. Consideramos que el haber tomado la decisión de migrar no nos “permite” comentar aquello que nos afecta emocionalmente.


Este no permitirnos hablar de nuestras preocupaciones y dificultades tiene un costo para nuestra subjetividad, ya que hablar también cumple una función catártica que disminuye el quantum de angustia generando pequeños alivios. El no expresar, por el contrario, aumenta nuestro padecimiento, sintiéndonos más cansados y paralizados en la toma de decisiones objetivas para mejorar nuestro bienestar.





¿Cómo abordar la ansiedad migratoria?


A partir del desarrollo de los motivos que generan la ansiedad migratoria, podemos pensar cómo abordarla para que no afecte negativamente nuestro proceso migratorio.


En primer lugar, es importante aceptar que el proceso es largo y que intentar acortar los plazos no es una solución. Cada persona tiene sus tiempos y debe afrontarlos con sus propios recursos.


La sensación de tener el control de las cosas a veces es simplemente una ilusión, dejarse sorprender puede ser una estrategia posible y saludable para aquellos que estén en la primera etapa de la migración. Hay muchas cosas que escapan a nuestro control y tenerlo en cuenta nos permitirá hacer algo con eso que está aconteciendo.


Al inicio lo mejor es regalarnos un “tiempo de tregua”, no ser exigentes con nosotros mismos ya que primero tenemos que adaptarnos al lugar. La migración ya de por sí es muy movilizante por lo que ser nuestros enemigos exigiéndonos no equivocarnos y cumplir con plazos autoimpuestos e irreales pueden generarnos mucho malestar.


Ser flexible, no anticiparnos, abrazar lo inesperado y actuar en base a eso puede ayudarnos a incorporar un poco de aire al atravesar esos momentos difíciles.


Por último, estar atentos a nuestras emociones, preguntarnos cómo nos sentimos, identificar qué es lo que necesitamos para sentirnos mejor puede transformarse en una buena fórmula para superar el proceso migratorio. A su vez, sentir la libertad de poder expresarles a nuestros allegados lo que nos está sucediendo puede aliviarnos en los momentos más angustiantes.


La terapia es un complemento que ayuda a quienes tienen dificultad para expresar sus emociones y elaborar las preguntas adecuadas para encontrar sus propias respuestas. Migrar puede generarnos una sensación de soledad muy grande y tener un espacio terapéutico es la puerta para transitar el proceso acompañado/a.


Escrito por la Lic. Natasha Drago Grisak

Psicóloga e inmigrante



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