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  • Natasha Drago Grisak

Migración y Adolescencia: Análisis de un joven emigrante

Hace tiempo que quiero hablar sobre Adolescencia y migración ¿cómo viven esta experiencia los/as jóvenes? ¿cómo les afecta en ese momento tan particular de su vida? La adolescencia es una etapa difícil plagada de cambios y duelos. Ante estas pérdidas el/la joven transita un sin fin de emociones y sentimientos, donde la palabra por momentos queda corta…


En esta época construyen y empiezan a moldear su identidad, sus cuerpos se desarrollan, dejando un cuerpo infantil para iniciar el camino hacia el cuerpo adulto. Un cuerpo desconocido pero propio, un cuerpo enigmático. Cuando somos adolescentes realizamos otros pasajes, vinculado a los espacios sociales que habitamos: de la familia al grupo de pares. De ese entorno único y perfecto a la pluralidad de espacios que nos permitirá cuestionar lo dado, identificarnos con otros, tener referentes más allá de la familia, construir lo propio.


¿Y a todo esto le sumamos una migración? Migrar implica un salto, una apuesta. Pero para los niños y adolescentes es la apuesta de otro, la decisión que toman los adultos responsables sobre su vida. Hay adolescentes que lo viven muy positivamente, como una aventura, la puerta a un mundo por descubrir. Mientras que para otros es una migración forzada, no voluntaria. Donde prevalecen los aspectos negativos, lo no elegido, donde figura lo arrebatado.


Pongámonos un rato en esos zapatos: arrebato de amig@s, la escuela, el barrio, mis espacios, aquellos que fui construyendo poco a poco y con dificultad. No cuento aún con las herramientas para afrontar todo esto, no cuento con esa voz de la consciencia que me hace entender los motivos adultos que nos llevaron, como familia, a emigrar. Voy con los lentes de niñ@/ joven que se aleja de lo suyo: de su familia extensa y de sus amig@s.


La migración es un duelo más que se suma a los tantos duelos que transita un/a adolescente. Y es por eso que me gustaría tomar un caso conocido pero diferente en muchos aspectos. Para que lo analicemos juntos, para practicar un poco el lente que nos permite entender la vida de los/las emigrantes, pero desde su singularidad.


Análisis de un/a joven emigrante


En una sesión una paciente me recomienda ver una entrevista que le hace Valdano a Messi donde entre tantos otros temas habla de su migración cuando era chico. Me despertó interés y las ganas de compartir algunas reflexiones con ustedes pero necesito pedirles antes un enorme favor: intenta ponerte en los "botines" de Lionel, un joven de 13 años, amante del fútbol que con toda su ilusión decide viajar a España para cumplir un sueño. No pienses en el Messi que conoces hoy, ya que ese niño tampoco sabía lo que iba a ser. Por eso hoy me tomo el atrevimiento de simplemente llamarlo Lionel o Leo (como le gusta que lo llamen).


Leo emigró con 13 años a Barcelona, España. Es un pibe oriundo de Rosario, proviene de una familia de clase media trabajadora. Inició en Newell's y luego de muchos fichajes fallidos llega a Barcelona. Es un chico responsable, muy disciplinada, que lo único que quiere es jugar a la pelota con sus hermanos y primos, en la canchita del barrio. Con sus 13 años, reconoce que la escuela no le gustaba, le costaba estudiar pero se portaba bien. Al principio, a su llegada a España, no podía competir, por no tener los papeles en regla pero si le era permitido ir a las prácticas. Un dato de color, ¿sabias que para el año 2018 se estimó que alrededor de 2.300 futbolistas argentinos juegan en distintos lugares del mundo?


Era consciente de que sus padres y 3 hermanos emigraban por un motivo: acompañar la oportunidad y posible desarrollo profesional de él, incluyendo el tratamiento hormonal al que Lionel debió exponerse. Su madre Celia y su padre Jorge fueron grandes acompañantes en este proceso, pero todo aquello no pudo aliviar las problemáticas de integración y duelo migratorio de la familia en general. Su hermana pequeña no pudo adaptarse con el idioma y la decisión que tomaron en ese momento fue que su padre se quedara con él en España y su madre y hermanos retornaran a Argentina.


Una madre que con dolor toma una decisión difícil pero éticamente aceptable, no tenía un solo hijo, tenía cuatro, y su responsabilidad era alojar y cuidar a los cuatro. Que dilema familiar ¿no? Que difícil asimilar esa decisión para todos los integrantes de esa familia…


En ese momento no había whatsapp, cómo dice Leo en la entrevista eran llamadas telefónicas y mails para comentar la vida cotidiana. Cuando le preguntan sobre su origen y su pasión a Argentina, él lo dice muy claro. “Lo más difícil fue irme… pero siempre estuve allá”. Tiene lindos recuerdos de su infancia, de ir al club, un espacio deportivo pero también familiar. El reconoce que el primer año viviendo en Barcelona le costó la adaptación. Tener un motivo tan grande como ser jugador profesional también le permitió sostener la migración más allá de las dificultades que vivió. Que su familia este dividida de alguna manera fortaleció el lazo con su país de origen y sus seres queridos.


La historia de Leo no es fácil, parece de película, pero una buena película lleva mucho esfuerzo y se necesita toda una red de apoyo para que sea exitosa. Se tuvieron que dar un conjunto de circunstancias: un país que estaba entrando en una de las peores crisis económicas de su historia, un tratamiento hormonal que no se pudo costear en el país, equipos de fútbol argentinos que no pudieron fichar a Leo y reclutadores que consiguieron conexiones en Europa para que el se pueda ir a probarse a Barcelona. Por último y creo que lo más importante: una familia que siempre acompañó y cuidó al pequeño Lionel.


Escrito por Natasha Drago Grisak

Psicóloga y emigrante.



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