Las relaciones afectivas en la migración

Actualizado: 25 sept 2020

Cuando migramos vamos en búsqueda de un “vivir mejor”, generalmente relacionado con aspectos económicos y de la mejora en nuestra calidad de vida. Pero ¿qué sucede con las otras áreas que son importantes para nosotros? ¿Cómo afecta la migración en nuestras relaciones afectivas y sociales?


En el momento en que vamos diagramando nuestra aventura, no nos ponemos a pensar en las áreas social y emocional. Nos centramos en lo que nos falta y no en lo que se va a transformar, no pensamos en las grandes pérdidas que se van a generar producto de la migración. Es algo que sucede normalmente, ya que hasta que no vivimos la experiencia no lo sentimos, hasta que eso no empieza a acontecer no somos capaces de pensarlo o elaborarlo.


En este artículo nos centraremos en la relación entre proceso migratorio y vínculos afectivos. Uno de los puntos más tratados en la terapia de la migración.


La importancia de los vínculos


Sabemos lo importante que son los vínculos y las relaciones interpersonales para todos nosotros. Desde que nacemos creamos vínculos estrechos, primero con familia, luego en la escuela con nuestros pares, y con el tiempo vamos afianzando las relaciones y las categorizamos: familia, amigos, pareja, colegas, etc.


Como seres sociales, la comunicación, el apego y el amor circula en nuestras relaciones. Nos hace ser quienes somos, con aceptación y dificultades en el proceso. Sin embargo esto es algo que no cuestionamos en nuestro país de origen, ya que las relaciones forman parte de nuestra vida cotidiana. Nos relacionamos en el trabajo, nos reunimos con amigos los viernes por la noche o en nuestro tiempo libre, los fines de semana, con el objetivo de contarnos cómo fue la semana, de reírnos de chistes, de compartir experiencias y expresar nuestros sentimientos.


¿Qué sucede cuando migramos?


Eso tan cotidiano en nuestra vida, como suelen ser los encuentros en familia y con amigos se transforman en una pérdida con la migración, de repente la distancia empieza a ocupar un lugar protagónico para nosotros.


No estamos ahí, la “reunión” como la conocíamos se transforma en un imposible. Esta situación, que al principio de la migración está velada por lo novedoso del país de acogida, poco a poco empieza a hacer eco y nos produce angustia, ansiedad, tristeza y también sentimiento de culpa.


Si antes nuestros impedimentos estaban relacionados con la falta de tiempo e interés, ahora el impedimento es la distancia. Concepto que viene para quedarse y que conviene no tratarlo como obstáculo sino como una pieza propia del puzzle migratorio. Quienes intentan evitarlo, o se posicionan para luchar contra eso, eligen una vía angustiante y padeciente.


La pregunta ¿que hago con la distancia? le permite al inmigrante crear alternativas para mantener las relaciones sociales a pesar de ella. Aprender a estar presente a partir de la ausencia es el camino terapéutico eficaz para sostener las relaciones a pesar de la distancia.


Pérdida doble


Solemos centrarnos en lo que nos sucede, por eso queremos transmitir otra mirada sobre las relaciones afectivas, ya que la migración no solo le afecta a los protagonistas del proceso, también afecta a los seres queridos.


Quienes se quedan en el país de origen también sufren una pérdida. Por ejemplo, es parte de la maternidad dejar volar a los hijos cuando se transforman en jóvenes adultos, aceptar que la vida de esa persona ya no depende íntegramente de ella, si no que ese adulto ahora es el conductor de su propia vida. Sin embargo, no está preparada para aceptar que su hijo/a migre a otro país. No está preparada para tanta distancia corporal, para no compartir de vez en cuando un café, un té o un mate. Los abuelos, que tanto disfrutan cuando sus hijos les piden que cuiden por la tarde a sus nietos, no están preparados para no estar presentes en su crecimiento. Tampoco aquellos amigos, que consideramos hermanos, no saben como aceptar el no tenernos cerca.


Ellos, nuestros afectos, sufren nuestra partida. Por eso hablamos de pérdida doble, porque quienes se quedan, también tienen que transitar un duelo, es un duelo diferente, ya que no es la pérdida de un ser querido, es la pérdida del contacto preestablecido que hoy, por la migración, debe cambiar.



Nuevas relaciones


Como se comentó en otro artículo “Las fases de la migración”, tardamos entre 1 a 3 años en integrarnos al nuevo país, parte de ese proceso está relacionado con la creación de nuevos vínculos sociales, ya que integrarnos implica recuperar algo de esos espacios perdidos.


Dependiendo del país y del choque cultural, puede costarnos más o menos, también depende de nuestra forma de ser, que tan extrovertidos o introvertidos somos, y de nuestra capacidad de socializar. Para los inmigrantes, las primeras amistades en el nuevo lugar son un hito importante en la vida, ya que sin esos lazos se dificulta el proceso de integración.


No vienen a sustituir a esos grandes personajes de nuestra vida, si no a ocupar nuevos espacios sociales que han quedado vacíos por la propia migración, esas relaciones son producto de nuestras actividades: trabajo, cursos, actividades de placer, o como también ha sucedido en nuestro país, nuevos personajes que la vida nos cruzó de casualidad.


A veces tenemos la suerte de encontrar amigos que comparten con nosotros la identidad cultural, costumbres y hábitos ya que provenimos de la misma región o país. Estas amistades ocupan un lugar importante porque nos permite seguir conectados a nuestro país de origen a pesar de los kilómetros y océanos que nos separan.


Sin embargo, también hay otras nuevas relaciones que dan cuenta de la diversidad, vínculos que responden a la similitud de intereses o lugares compartidos. Por ejemplo, entablamos relaciones con personas nacidas en el país de acogida, estas nos permiten adaptarnos e integrarnos al nuevo lugar, además nos permiten entender, compartir e incorporar ciertas costumbres y hábitos propios del país elegido.


Ambos tipos de relaciones son positivas, una permite mantener nuestra identidad mientras que la otra nos permite lograr integrarnos al país donde elegimos vivir.


¿Cómo abordar nuestras relaciones afectivas?


Uno de los problemas más comunes que surgen en la terapia de la migración es el abordaje de las relaciones afectivas, tanto en nuestro país de origen como en el país de acogida.


Inicialmente es necesario transitar el duelo relacionado a las pérdidas de nuestros afectos, mientras que vamos elaborando estrategias y nuevos modos de relacionarnos con esas personas y a su vez comenzamos a entablar nuevos vínculos en el país de acogida


Con respecto a las nuevas relaciones uno de los obstáculos más visibles suelen ser la ausencia de apertura a crear nuevos vínculos, ya sea por miedo, falta de ánimo o sentimiento de culpa. Si el duelo no fue elaborado, tendemos a creer que esas relaciones vienen a sustituir a los que ya no están cerca nuestro, por lo tanto nos cerramos a la posibilidad de relacionarnos con nuevas personas.


En Terapia por el mundo, sabemos lo difícil que puede ser abordar estas problemáticas en soledad. No incrementes tu aislamiento, lo más importante es poner en palabras todo lo que te está sucediendo para poder soltarlo y crear nuevas redes.


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Artículo escrito por Natasha Drago Grisak

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