• Natasha Drago Grisak

Emigrar en Familia

Actualizado: 28 feb

Cada vez son más las personas que emigran, algunos se sumergen en esta aventura solos, otros en pareja junto a su compañerx y hay también quienes deciden iniciar este proceso con toda “su tribu”, la familia. En todas estas opciones de migración hay variaciones, cambios y transformaciones individuales y vinculares. Emigrar en familia es un gran desafío. Conlleva la tarea de ensamblar deseos, necesidades y emociones no solo individuales, sino también vinculares y de relación entre los miembros.


Sabemos que la migración es un acontecimiento vital, es un estresor, generalmente de larga duración, que implica un duelo, y, como tal, produce una serie de efectos en la salud, tanto física como psíquica de las personas. Conocer todos los movimientos que este proceso conlleva, y que reacciones y emociones moviliza, ayuda a prevenir las repercusiones o efectos negativos que puede tener la migración sobre la salud de todos los integrantes de la familia. Conocer el proceso migratorio y cómo éste repercute en cada integrante del grupo familiar es un trabajo necesario, aunque no siempre sencillo, que podemos hacer para que la migración sea una aventura y un proceso de expansión y crecimiento para todos los integrantes del grupo.


En esta oportunidad nos centraremos en las familias emigrantes, porque entendemos que este tipo de migración implica ser atravesados por múltiples factores, emociones y sensaciones. A partir de una entrevista a Alejandra, psicóloga del equipo de Terapia por el mundo intentaremos poner palabras que tengan como objetivo traer algo de calma y orientar a los padres y madres migrantes.


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¿Quién es Alejandra?


Ale es psicóloga, esta casada y es mamá de cuatro hijos de entre 18 y 11 años. Emigró a España en plena pandemia con su familia hace casi dos años.

Su primera migración fue en San Pablo, Brasil, donde nació su primera hija. Allí vivió por tres años, regresó a Argentina donde desarrolló su carrera de psicóloga clínica mientras su familia iba agrandándose. Luego de 15 años de práctica clínica en Argentina, trabajando con adultos, adolescentes, parejas y familia; y luego de transitar ella misma junto a su familia el proceso de emigrar, ha decidido profundizar sus conocimientos y formarse en duelo migratorio y en los procesos psicológicos que acompañan el emigrar. Para poder así acompañar a familias que están o van a transitar el proceso de cambiar de país de residencia. Emigrar es un estresor que, como cualquier otro, si es abordado de manera integral, puede convertirse en la experiencia más enriquecedora y de expansión que puede vivir una persona y su grupo familiar. A la vez que, si no se detectan a tiempo determinadas señales de alarma en los miembros de la familia, puede ser un proceso que genere mucho dolor, de desarraigo y Ansiedad ante lo desconocido,lo cual puede derivar en algún trastorno psicológico. De allí la importancia de abordarlo de manera integral.


¿Podés contarme cómo ha sido tu proceso migratorio?


Fue un proceso pensado y deseado. Gestado con tiempo y dedicación, que fue difícil por momentos y al mismo tiempo fue desafiante. Era una idea que rondaba desde hacía tiempo en la pareja. Al comienzo no fue sencillo que los chicos lo aceptaran. Sobre todo los mayores, que en ese momento tenían 16 y 13 años.


¿Qué podes contarnos desde tu rol de madre con respecto a la migración?


Migrar con hijos es una gran aventura. Conlleva el desafío de integrar deseos, temores y necesidades de todos los integrantes de la familia. Implica estar atento a los propios procesos internos a la vez que conectamos con los procesos que van transitando los chicos. Transmitirles seguridad acerca de cosas en las que, a veces, los padres tampoco nos sentimos seguros es un desafío y un gran aprendizaje, tanto para los chicos como para nosotros, los padres.

Luego de vivir en carne propia este proceso, comencé a estudiar y formarme más acerca de las vivencias del emigrante. Los cambios psicológicos que atraviesa y los procesos que va superando. Para poder así acompañar a padres que transiten el mismo camino. Es un camino complejo para transitarlo solo! Desde el comienzo, mientras acompañaba a mis hijos a transitar los diferentes procesos de su duelo migratorio, supe que lo que más deseaba era acompañar y orientar a otros padres que estaban transitando el mismo camino.



¿Qué es la orientación o acompañamiento familiar?


La orientación a familias o acompañamiento es un proceso personal, compuesto por encuentros entre la terapeuta y los padres. No suelen superar las tres o cuatro sesiones. Donde nos enfocamos en las dudas de la familia para que puedan transitar el proceso de una manera que resulte saludable para todos los integrantes de la familia. Cómo gestionar las emociones en el momento de la decisión, las despedidas, el desapego de la rutina del país de origen. Así como la adaptación al país de acogida y los primeros meses de expatriación.


¿Para quiénes está destinado?


Está destinado a familias que están en un proceso reciente o avanzado en cuanto a la decisión de emigrar. O bien Para aquellos que han emigrado recientemente y se encuentran con algunas inquietudes, dudas e incertidumbres con respecto al proceso emocional de algún integrante de la familia o diferentes aspectos que puedan preocupar a los padres con respecto a la adaptación social, escolar o emocional de los hijos a la nueva vida.


¿Por qué crees que es importante este tipo de espacios?


Este es un espacio que intenta abordar de manera preventiva cualquier desajuste emocional que suele vivir la familia en cualquier momento del proceso migratorio en el que se encuentre. Es a la vez un espacio de contención y empatía para esos padres que necesitan un abordaje que los acompañe a paternar y maternar, a la vez que ellos mismos transitan aquellas emociones relacionadas al desapego, al transito de un país a otro, a la adaptación a una nueva vida. Los ayuda además a gestionar en ellos mismos sentimientos que suelen aparecer en relación a la migración, como la culpa, por ejemplo.


Artículo creado por Natasha y Alejandra

Psicólogas y emigrantes.

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