• Natasha Drago Grisak

Del mundo somos

Siempre me dio curiosidad saber de dónde vengo, es decir, quieren eran mis antepasados, donde vivían, que hacían, si me parezco en algo a ellos. Hay una atracción especial que tiene el origen que uno a veces no puede explicar con palabras, que se siente bien adentro. Ese “no sé que” tan potente es lo que me llevó a investigar mi historia y a empaparme de nombres, de ciudades, personas. Fui preguntando y recibiendo respuestas, y hasta provocando que otros familiares se interesaran en el camino por esta búsqueda del saber sobre nuestro origen.


Somos con otros, otros constituyentes que nos brindaron amor, que nos imaginaron, que proyectaron en nosotros, que hizo que advengamos en seres humanos hablantes en el mundo de la lengua, de los símbolos, convirtiéndonos en sujetos psíquicos. La importancia de obtener respuestas cuando preguntamos por el origen remite a la constitución de nuestro psiquismo, pero además, como migrantes, si nuestros antepasados provienen de otro país, es un punto muy importante de identificación a través del cual tomar aquello que nos gusta o encontrar un anclaje, armar algo nuevo.


El proceso de estructuración psíquica es un trabajo de construcción a través del cual el ser humano se convierte en sujeto singular, único e irrepetible con un aparato psíquico propio que lo determina en su ser. Esto no significa que saber de dónde provenimos va a definir exactamente quienes somos, ya que esa parte la construimos nosotros mismos, pero si forma parte de nuestra identidad, y más allá de lo bello que resulte para mí investigar y emprender ese viaje, se trata de nuestro derecho. Puede que aquello que encontremos no nos guste, pero probablemente nos va a esclarecer ciertas cosas del presente o quizás marcar el límite sobre aquello que nos gustaría hacer igual y aquello que no quisiéramos repetir.


Resulta que todos tenemos antepasados, ya sean del mismo país o región o de otros lugares del mundo. Los que nacimos en Argentina somos unos cuantos los que descendemos de inmigrantes de una gran variedad de países, y lo mismo ocurre en otros lugares, por lo cual el mundo está repleto de personas que vamos y venimos de todos lados. Durante el proceso de migración, todo lo que uno aprende en el lugar de origen lo lleva al país de acogida, lo transforma y lo transmite a generaciones que quizás también migraran, formándose así una línea infinita de linaje multicultural.


Es por eso quizás que cuando uno migra, además de querer aprender sobre la nueva cultura en la que está viviendo, hay también una parte que se estremece cuando escucha a alguien hablando en su lengua originaria… pareciera que hay allí un imán en el que se inscribe un código que no puede descifrarse simplemente explicándolo, se vibra, es un estremecimiento, una sensación de alegría.


En mi caso, cada vez que veo a un argentino tomando mate, cada vez que escucho el acento tan característico siento la fuerza del origen, me emociona, me hace sentir cerca de mi patria.

Somos historia y la construimos día a día con nuestras decisiones y acciones. Decidir migrar cambió mi vida y llevo conmigo a dondequiera que vaya, aquello que se inscribió en mí y dejó la huella de quienes me antecedieron, también aquello que fui y el armado de lo que seré.


Del mundo somos, al mundo nos lanzamos, con diferentes orígenes, diferentes estilos de vida, diversas maneras de pensar. Todos nos cruzamos en el mientras tanto, construyendo, armando la historia que quienes nos sucedan investigarán y la rueda seguirá… uniéndonos, entrecruzando culturas.


Escrito por Milena Berti

Psicoterapeuta y migrante


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