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  • Foto del escritorNatasha Drago Grisak

Cuando el deseo materno duele…

Esta carta busca unir voces, voces silenciosas que se alzan con un nudo en la garganta en el espacio terapéutico o en las reuniones con otras mujeres, porque nosotras nos necesitamos para hablar, para exteriorizar o descargar, para no sentirnos tan solas en este deseo (o no deseo) que nos atraviesa. Es ahí, donde nuestra voz hace eco en la escucha de la otra y resonamos juntas.


“Qué difícil es cuando el deseo duele, qué difícil es salir del “ideal femenino”. encontrarse en el arduo camino de construir una respuesta diferente. Qué difícil es salir de la comparación con otras mujeres, qué difícil es sacar la culpa y sobre todo el enojo con el cuerpo que habitamos. A las mujeres nos educaron bajo varias premisas que nos interpelan y sobre todo nos duelen:


“Para ser mujer, hay que ser madre”: Duele el no deseo materno, porque sentimos el peso de la mirada del otro manifiesta en frases que lastiman, que ponen en duda nuestro propio deseo. No es así y no debería ser así. Tu deseo es lo que importa, habrá que defenderlo, y el primer paso es asimilarlo como propio. Duele.


“Para ser madre, hay que tener pareja”: Duele la obligatoriedad que sentimos de estar anclada a una relación solo porque es el camino que nos han enseñado para llegar a destino. Se puede ser monomarental, y eso no quiere decir que estés sola. Si hay algo que he aprendido como hija y también como mujer, es el poder de la unión con otras mujeres, y que tal vez no haya un padre u otra madre pero si habrán ti@s, abuel@s y otros grandes referentes en la vida de ese niñ@. Como duele.



“Cuando buscas, quedas”

Esta parte es para aquellas mujeres que están transitando un camino con obstáculos, nos enseñaron que “Cuando buscas, quedas” y aunque puede ser verdad que eso suceda, no le pasa a todas, no le pasa a algunas. Claro que duele.


A cierta edad nos encontramos rodeadas de otras mujeres que comparten el mismo deseo (o no deseo), también es difícil sostener la sonrisa sin angustiarse. Tranquila, tu proceso no sólo es legítimo sino que también es genuino. Por momentos te sientes sola, aún cuando estás acompañada. Es la soledad que atraviesas entre tu cuerpo y vos. Un cuerpo que duele, un cuerpo que si vos no entendes, menos lo entenderán los otros.


Te encuentras con palabras nuevas: reproducción asistida, IA, FIV, OVO, DDE, adopción. ¿Qué es todo eso? El miedo puede abrumar y hasta paralizarnos, desconocernos. Aceptar el deseo también es asimilar que el proceso tiene un inicio pero del cual desconocemos el final. Sigue doliendo.


Y en esa construcción de respuestas, si hablas, si buscas información, de repente dejas de estar sola (aunque haya momentos donde es necesario habitar la soledad), conoces a mujeres que te entienden porque comparten tu dolor y te aconsejan desde el saber y sobre todo desde el amor. Porque nadie le desea a la otra transitar por este camino empantanado. Por momentos te amigas con vos misma. No deja de doler pero te encuentras con el ALIVIO.


Hay otros ideales maternos, que cabe la pena poner en palabras: no existe “el embarazo”, si no los embarazos, no existe un proceso de gestación igual a otro, son únicos. Embarazos con riesgos y complicaciones, nacimientos prematuros, hospitalizaciones. No imaginamos una maternidad con esos desafíos. Y a la vez sabemos que todo lo que nos es importante da miedo, todo lo que implica una apuesta de amor, por momentos aterra. Sería raro encontrarnos con la maternidad sin temores, dudas o angustias. No existe una sola manera de “maternar”... porque en ella circula nuestra historia, marcas y dolores”. Existen maternidades subjetivas.


Esta es una carta de una mujer a otras mujeres, pero sobre todo a las que el deseo materno les duele.


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